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Notas sobre Ezra Pound

Notas sobre Ezra Pound

Cualquier juicio sobre Ezra Pound conlleva inevitablemente la polémica, lo mismo en el campo literario como sociopolítico. Una de las mentes más brillantes de nuestro tiempo, complejísima personalidad de inmensa cultura (Literatura, Historia, Filosofía, Estética, Lingüística, Economía … ) y de características personales muy acusadas y rabiosamente desafiantes: individualista, egocéntrico, antidemocrático, anticapitalista, socialista aristocrático; Pound fue  sin duda una de los más destacados artífices de nuestra realidad, gigantesco como Picasso. Exponente máximo de la defensa de una mentalidad literaria sabia, refinada, cosmopolita, en su labor creadora buscó algo perdido en la poesía desde la trovadoresca: la música. Siempre tuvo un clarísimo sentido del gusto literario, y lo designó, pasando desde los trovadores provenzales a los poetas chinos, ejerciendo una poderosa fascinación sobre Eliot y Joyce.

Su sentido clasicista, de sólida formación humanística, queda perfectamente reflejado al conocer algunos de sus modelos: Confucio, Homero, Ovidio, Catulo, Propercio, la poesía provenzal, Dante, Cavalcanti, Villon, Voltaire, Stendhal, Flaubert, Rimbaud,… Estos son sus ejes de referencia y avalan su elitismo cultural. Además, elevó la traducción a la más notable categoría literaria, recreando los poemas que traduce. Así, su versión de Sexto Propercio se ha convertido en uno de los textos fundamentales de la lengua inglesa y son de una inigualable perfección sus recreaciones de poemas egipcios, chinos, de obras japonesas de teatro Nô, poesía latina, …

También, a su innato sentido didáctico y a su olfato por nuevos valores literarios, debemos el descubrimiento de Eliot y Joyce y el apoyo que prestó a Yeats, Hemingway, Tagore, Frost y Wyndham Lewis, entre otros.

Pero no para ahí su labor en pro de la Literatura, ya que también es importante su trabajo de revalorización de figuras y obras olvidadas, por amor de modas o tendencias, como son los casos de Firdusi, Enrico Pea, Scarfoglio, Laforgue, etcétera.

Llegados a este punto cabe preguntarse: ¿cuáles son los pecados de Ezra Pound para ser tan fuertemente cuestionado por ciertos sectores «culturales»? ¿Acaso sus ideas político-económicas o quizá su elitismo cultural?

En cuanto a las primeras, aparte de considerar que se debe separar el hombre del autor, cabe hacer muchas matizaciones, ya que es muy fácil descalificar a una persona con la etiqueta de fascista, sin más. Y no puedo aceptar respecto de Pound lo que afirma Walter Muschg en su «Historia trágica de la literatura»:

«El siglo XX vuelve a conocer déspotas y también a los pies de estos encontramos los poetas que cantan el poder y que se consideran los heraldos de una nueva era universal ( … ) Ezra Pound quería renovar en su juventud el ideal de trovador que también blande la espada, y llegó a convertirse en glorificador de Mussolini.»

¿Era realmente Pound un fascista, en el pleno sentido de la palabra? No lo creo. Pound no apoyaba la tiranía ni los gobiernos autocráticos, y para él la libertad de expresión era importantísima: «Si un hombre no está preparado a correr riesgos por sus opiniones es porque o bien sus opiniones no valen nada o él no vale nada.»

Lo que realmente creo que sucedió en la persona de Pound fue que, tras la tremenda impresión que causó en su espíritu la Primera Guerra Mundial, él creyó encontrar la raíz de los males que aquejaban al mundo en algo que en adelante se convertiría en una de sus obsesiones: las manipulaciones de las finanzas internacionales.

Pound siempre fue una persona con una fuerte conciencia social. Un hombre como él no pudo permanecer indiferente a los grandes problemas y a las grandes tendencias políticas de su tiempo.

Su admiración por Italia y Mussolini se fortificó en el hecho innegable de que, en una época de tremenda crisis, Italia estaba llena de energía y en Mussolini veía, no a un dictador, sino a un establecedor del orden y de un gobierno honrado. Mussolini le había seducido especialmente por el aspecto corporativista y antimaterialista de su doctrina político-económica. Y es que, posiblemente, Pound fuera un idealista y por otra parte un ecléctico ya que no es fácil enmarcarlo dentro de una ideología determinada: conservador, anticapitalista, pacifista, republicano, aristocrático, …

No cabe duda de que Pound no creía en la democracia, en el gobierno de las masas, ya que en definitiva, pensaba, el verdadero poder lo tienen unos pocos que manejan a las masas. Pound creía en una aristocracia, pero en una aristocracia selectiva, basada en los méritos personales. Y de ahí también su afirmación de que «en el arte no hay democracia».

Esta afirmación, claro está, puede resultar inadmisible para quienes piensan que la cultura y el arte deben estar absolutamente al servicio de la sociedad considerada en su conjunto, esto que tanto se ha dado en llamar «cultura popular», contra la que, dicho sea de paso, no tengo nada en contra, pero lo que no es menos cierto es que no tiene absolutamente nada que ver con el ARTE, que, quiérase o no, siempre ha sido elitista y minoritario, entre otras cosas porque, en el fondo, esto es una opción puramente personal y no colectiva. Por ello Pound preconizará el arte por el arte.

El móvil político contra Ezra Pound fueron sus famosas «Conversaciones Radiofónicas», en las que, aparte de considerar que en ellas sólo vierte sus obsesiones literarias, estéticas, sociales y económicas, no he podido encontrar materia suficiente para comprender cómo a este hombre se le pudo considerar traidor o loco y condenarlo o encerrarlo como a tal. Esto sólo es comprensible desde una perspectiva desgraciada y frecuente en esta época desquiciada: el odio al pensamiento.

El caso de Ezra Pound con respecto al Nobel de Literatura es, en cierto modo, similar al de otro genio de nuestro tiempo, Jorge Luis Borges. A Pound, a quien se puede considerar con toda justicia el padre de la moderna poesía de habla inglesa, se le negó reiteradamente este premio, cuando se concedió a escritores influenciados y descubiertos por él, como Yeats, Eliot o Hemingway. Y yo me quedo con la universalidad y cosmopolitismo, personal y poético, de Ezra Pound. Al fin y al cabo todos podemos tener nuestras debilidades.

Andrés Linares, Notas sobre Ezra Pound, Los Cuadernos de Literatura